Centro de Estudios de la Academia de Guerra

La guerra entre Estados Unidos-Israel e Irán representa una de las crisis más graves del sistema internacional en el último tiempo, no sólo por la intensidad bélica, sino por su capacidad de alterar simultáneamente el equilibrio estratégico de Oriente Medio, el mercado energético global. Como se ha reportado previamente, la guerra se inició el 28 de febrero de 2026, con ataques conjuntos realizados por Estados Unidos e Israel en contra de Irán, justificados como una operación necesaria para degradar capacidades navales, nucleares, de misiles iraníes e impedir que el régimen iraní siga financiando a grupos proxis fuera de sus fronteras (Associated Press, 2026a; Reuters, 2026a).

A diferencia de otras rondas de tensión entre Irán e Israel o entre Irán y Estados Unidos, la confrontación actual ha adquirido una estructura tridimensional. En primer lugar, se trata de una guerra asimétrica, por los medios empleados por las partes (ataques aéreos, misiles, drones, entre otros). En segundo lugar, es una crisis de coerción energética, debido al rol del Estrecho de Ormuz como principal eje de presión iraní sobre la economía mundial (CSIS, 2026a; CSIS, 2026b; Reuters, 2026b).

El conflicto no puede ser entendido únicamente como una secuencia de ataques y de contraataques. También debe entenderse como una lucha por modificar el entorno estratégico regional: Israel busca reducir de manera permanente la amenaza iraní y Estados Unidos tiene la intención de restaurar la disuasión y forzar una salida favorable a la confrontación. Por su parte, Irán intenta demostrar que conserva la capacidad de imponer costos regionales y globales. Lo anterior da cuenta de una dinámica de coerción recíproca y explica el porqué de la guerra hasta día de hoy, combina simultáneamente la escalada militar, presión diplomática y amenaza de expansión sistémica (Reuters, 2026c; Reuters, 2026d).

El inicio de la guerra y los objetivos de Washington y Tel Aviv

El inicio formal de la guerra es el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados hacia territorio iraní bajo la operación Furia Épica. Desde la perspectiva norteamericana, se han declarado tres objetivos de esta operación: destruir o degradar la capacidad de misiles iraní, reducir su poder naval y evitar que Irán alcance un arma nuclear (Associated Press, 2026b; The White House, 2026a). Esto da cuenta que Estados Unidos no presentó la operación exclusivamente como un golpe de castigo, sino más bien como una campaña orientada a alterar de modo estructural la posición estratégica iraní.

Respecto a Israel, ha dado señales de concebir la operación como una campaña prolongada, incluso un portavoz militar israelí declaró que su país estaba preparado para seguir atacando a Irán durante semanas (El País, 2026; Reuters, 2026e). Esa afirmación se puede interpretar que Israel no ve la guerra como una simple respuesta táctica, sino que la concibe como una oportunidad para profundizar la degradación del aparato y capacidad militar iraní, además de su estructura de mando y apoyo regional.

Lo anterior se condice con las señales de coordinación operacional entre Estados Unidos e Israel. El 05 de abril, se reportó que la inteligencia israelí contribuyó en la misión estadounidense de rescate de los pilotos del F-15E Strike Eagle derribado en territorio enemigo (primer caso durante el conflicto de Estados Unidos e Israel con Irán) y del UH-60 Black Hawk que fue alcanzado por fuego terrestre iraní (El País, 2026). Este hecho da cuenta del alto nivel de interoperabilidad que han alcanzado Washington y Tel Aviv desde que se iniciara el conflicto, tanto en lo diplomático y tecnológico como en el ámbito de la integración operacional directa en la zona de conflicto.

La respuesta iraní: resiliencia, adaptación y expansión regional

Con la magnitud de los ataques recibidos, Irán ha sido degradado, pero aún cuenta con capacidades militares y políticas. A la fecha, Irán ha sido capaz de lanzar en promedio treinta ataques diarios con misiles y drones, y una proporción considerable de ellos ha penetrado las defensas de su contraparte. Esto en parte por capacidad de adaptación táctica iraní, porque ha aumentado el empleo de drones y ataques a infraestructura crítica, con el objetivo de presionar económicamente a sus adversarios y terceros actores regionales (Associated Press, 2026c).

La estrategia de Teherán no estaría orientada a una victoria decisiva en el campo de batalla tradicional. Su lógica sería: la supervivencia del régimen, desgastar, redistribuir costos y demostrar que la superioridad militar no garantizaría seguridad. Es decir, intentaría convertir su vulnerabilidad convencional en capacidad de coerción regional.

La expansión del conflicto más allá de Irán-Israel confirmaría esa lógica, ya que se han reportado ataques iraníes sobre terceros actores del Golfo, los que se han ido in crescendo en la región. El sistema internacional ha llamado a contener la expansión del conflicto o derechamente a deponerlo, con el fin de evitar que la región se transforme en un teatro operacional ampliado de hostilidades (Associated Press, 2026d; El País, 2026; Reuters, 2026g).

A nivel de política interna, Irán ha reforzado su control político y represivo, las autoridades judiciales advirtieron sobre la pena de muerte y confiscación de bienes de aquellos que participen o colaboren con enemigos o les provean de información útil. Esto obedecería a la percepción que tiene el régimen iraní sobre la guerra, ya que la conciben como una combinación entre ataques externos, infiltración, inteligencia y operaciones de información. Por tal razón, intenta resguardar su frente interno a través de reformas políticas y el control de la información (El País, 2026; Reuters, 2026h).

El estrecho de Ormuz como como punto de estrangulamiento de la economía mundial

El conflicto no es solo regional sino también un punto clave para la economía mundial, convirtiéndose en la prioridad diplomática global y regional en las propuestas de cese al fuego, ya que es un verdadero punto de estrangulamiento económico y político para el conflicto y la economía global (Reuters, 2026c). La importancia del estrecho de Ormuz es de amplio conocimiento[1], pero en el contexto de este conflicto adquiere una dimensión especial, producto de su alto valor estratégico para el comercio del petróleo mundial. Si Irán mantiene la presión sobre el estrecho sin costo adicional, EE.UU. aparecería como incapaz de proteger uno de los corredores energéticos más importantes del mundo. Las monarquías del Golfo lo ven como una amenaza directa a la seguridad energética y comercial regional, por ello, apoyan cualquier acuerdo entre las partes que garantice el uso del estrecho y simultáneamente, contemple el programa nuclear iraní y misiles (El País, 2026; Reuters, 2026d).

El conflicto en este sector de Medio Oriente ha instalado una mirada pesimista en lo económico y en los mercados energéticos. Puesto que, Irán ha logrado aún bajo presión militar estadounidense-israelí, golpear directamente a economías importadoras de energía (petróleo y gas, especialmente), cadenas logísticas y mercados financieros (El País, 2026; Reuters, 2026i).

Por tanto, se podría afirmar que el Estrecho de Ormuz es para Irán un multiplicador asimétrico de poder ante la imposibilidad de equiparar la fuerza militar de Estados Unidos e Israel. Por dicha razón, es que Teherán potencia su capacidad de impactar vías que resultan crítica para la economía global y elevar los costos mundiales del petróleo.

[1] Para profundizar acerca de la relevancia geopolítica del Estrecho de Ormuz, visitar: “Estrecho de Ormuz y la amenaza iraní de su bloqueo” (25JUN2026).

Figura N°1 Mapa de la infraestructura petrolífera en Medio Oriente Nota:El Orden Mundial (2024).

La cuestión nuclear iraní

El programa nuclear de Irán sigue siendo el eje central de la operación Furia Épica y así lo han declarado EE.UU. e Israel en diversos puntos de prensa, enfatizando que los objetivos de esta guerra consideran que Irán no obtenga un arma nuclear y destruir las capacidades militares asociadas a esa amenaza (The White House, 2026b). Desde la perspectiva israelí, ello se alinea con la idea de impedir que un adversario regional alcance un umbral nuclear que ponga en riesgo la supervivencia de su Estado y altere irreversiblemente el balance regional.

Irán acusó al Organismo Internacional de Energía Atómica (en su sigla OEIA) de inacción ante los ataques que han sufrido sus instalaciones nucleares y los riesgos asociados a estos, especialmente los que pudiesen conllevar los relacionados al uranio enriquecido, por sus efectos químicos y radiológicos (Associated Press, 2026e; El País, 2026; Reuters, 2026j).

La diplomacia de crisis: “tregua imperfecta”

Durante la semana del 06 de abril, la diplomacia entorno al conflicto ha oscilado entre la lógica de la contención y la búsqueda de una resolución del conflicto. La propuesta presentada por Pakistán que se ha caracterizado por ser un marco de término de las hostilidades fue compartida por Estados Unidos e Irán e incluía un alto al fuego inmediato por un periodo de al menos dos semanas, reapertura del estrecho de Ormuz y una segunda fase de conversaciones ampliadas (Reuters, 2026c). El punto central de esta propuesta es que la comunidad regional e internacional asumiría que no es un acuerdo completo acerca de sanciones, misiles, enriquecimiento de uranio y ni de la arquitectura de seguridad, más bien es para intentar detener el espiral que amenaza con expandirse a Medio Oriente (Associated Press, 2026a).

Por su parte, Estados Unidos mantiene la presión militar y los ultimátum a nivel político. El presidente Donald Trump amenazó con atacar infraestructura crítica iraní (vías férreas, autopistas, puentes, entre otras), si el Estrecho de Ormuz no era reabierto para el libre tránsito marítimo, aunque dejó una ventana para negociar. Esa combinación de amenazas máximas y disposición para negociar da cuenta de una forma de diplomacia coercitiva, que no busca generar confianza, sino que obligar a Irán a aceptar sus condiciones bajo presión (El País, 2026; Reuters, 2026b).

Por otro lado, Irán ha mantenido su rechazo a los ultimátum sin cerrar la posibilidad de llegar a un acuerdo. No obstante, dispone de la apertura o cierre del Estrecho de Ormuz a su favor, lo que podría ser entendido como la moneda de cambio ante la posibilidad de un ataque terrestre por parte de Estados Unidos en la isla de Kharg, la cual tiene un valor geopolítico energético importante, ya que es el principal terminal petrolero iraní, alberga el 70% aprox. de la producción y suministro de petróleo y gas de Irán y Qatar, es un hub digital local y data center.

En consecuencia, la proyección más razonable del conflicto entre los tres Estados en un corto plazo es de una “tregua imperfecta”, ya que actualmente se encuentran en una pausa operacional condicionada por la situación del Estrecho de Ormuz y por cada actor de sostener la escalada controlada. Estados Unidos e Irán acataron el cese al fuego, pero fue vulnerado por Israel con los ataques hacia el Líbano, justificándolo como que no eran parte del acuerdo de cese al fuego. Sin embargo, Washington apoyó dichos actos, pero con el paso de los días ha impulsado a Israel negociar con el Líbano acerca de Hezbollah y así evitar que se vea afectado el cese al fuego con Irán y la ronda de negociaciones en Islamabad (Pakistán) (El País, 2026).

Los escenarios posibles que puedan suscitarse en este conflicto son una combinación de escalada controlada, presión diplomática y expansión del riesgo. Por un lado, es probable que Israel continue sus ataques sobre objetivos militares, infraestructura crítica y de mando y control iraní, especialmente si se considera que esto podría debilitar a su adversario regional histórico (Reuters, 2026e).

Respecto a Irán, es posible que continue con su estrategia de represalia indirecta y regionalizada, empleando misiles, drones, presión marítima y ataques a infraestructura crítica. Sus acciones dan cuenta que ellos no buscan atacar directamente, sino que buscan un castigar distribuidamente y prolongar su resistencia y resiliencia.

En cuanto a Estados Unidos, se presume que intentarán evitar tanto una invasión terrestre como una guerra abierta, no obstante, seguirá amenazando con nuevas oleadas de ataques si no se restablece el libre tránsito marítimo por el Estrecho de Ormuz o si Irán mantiene ataques regionales. Esto se condice con las declaraciones de Washington respecto a declarar objetivos que se pueden lograr en un corto plazo, sostener presión y dejar una ventana para alcanzar un acuerdo.

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