Centro de Estudios de la Academia de Guerra

«La dificultad no radica en las ideas nuevas, sino en escapar de las viejas»  (Keynes, 1936)

Como es de conocimiento público, el «Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas» (New START, por su denominación en inglés) expiró el 5 de febrero de 2026. Este tratado, considerado el último gran acuerdo verificable que limitaba las fuerzas nucleares estratégicas desplegadas por Estados Unidos (EE. UU.) y Rusia, marcó un hito significativo en la historia del control de armamento. La aceptación de este hecho es un componente esencial para facilitar una reflexión clara y objetiva sobre las posibles consecuencias futuras.

Como señaló este Centro[1] en la «Revista de Ensayos Militares, REM» (Jaramillo, 2025), y en relación con un golpe sorpresa de Ucrania contra Rusia en junio de 2025, denominado «Operación Telaraña», se llevó a cabo un ataque con drones contra algunas bases rusas que albergaban parte de sus bombarderos nucleares a cielo abierto. El CEEAG, entonces, afirmaba en la REM que «muy pronto veremos qué pasará al respecto, porque el tratado New START expirará el 5 de febrero de 2026, con muy pocas probabilidades de que alguna de sus disposiciones siga en vigor»; una predicción que posteriormente se confirmaría.

Historia

El Tratado New Start representó la culminación de una serie de acuerdos cuyo propósito era regular el armamento nuclear, específicamente entre las dos potencias que poseían el mayor número de estas armas (Foreign Policy, 2026). En el contexto de la Guerra Fría, EE. UU. y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que posteriormente se convertiría en Rusia, competían por la supremacía global, y el aumento de las ojivas nucleares, con capacidad para destruir el planeta en múltiples ocasiones, suponía una situación sumamente preocupante. De este modo, en 1971, inmediatamente previo al primer tratado pertinente, el número de ojivas nucleares a nivel mundial ascendía a 40.616[2], de las cuales aproximadamente el 95 % correspondía a las posesiones de EE. UU. y la URSS  (Federation of American Scientists, 2024). Existía un consenso global que abogaba por limitar la escalada nuclear.

[1] Centro de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra del Ejército de Chile (CEEAG).

[2] Para 2024 su número había disminuido sustancialmente a 12.121 ojivas.

Figura N°1 Reservas estimadas de ojivas nucleares. Nota: Federation of American Scientists (2024).

Bajo estas circunstancias, se iniciaron las denominadas «Conversaciones sobre la Limitación de Armas Estratégicas I» (Strategic Arms Limitation Talks I, SALT I, por su sigla en inglés), que se llevaron a cabo entre 1969 y 1972. En mayo de 1972, Richard Nixon, Presidente de EE. UU., y Leonid Brézhnev, Secretario General del Partido Comunista de la URSS, rubricaron en Moscú el «Tratado sobre Misiles Antibalísticos» (Anti-Ballistic Missile Treaty, ABM, por su sigla en inglés), cuyo objetivo era limitar las defensas antimisiles con el fin de preservar la estabilidad estratégica. Asimismo, se suscribió un «Acuerdo Provisional», mediante el cual se congeló el número de lanzadores de misiles balísticos intercontinentales (ICBM, por su sigla en inglés de Intercontinental Ballistic Missile) y de misiles balísticos lanzados desde submarinos (SLBM, por su sigla en inglés de Submarine-Launched Ballistic Missile). Esta premisa expiró en 1977; sin embargo, ejerció una notable influencia en las conversaciones posteriores.

Se siguió con las «Conversaciones sobre la Limitación de Armas Estratégicas II» (SALT II, por su sigla en inglés), que se llevaron a cabo entre 1972 y 1979. El propósito de estos diálogos fue ampliar el alcance del SALT I, estableciendo restricciones más detalladas y rigurosas. Fue suscrito en Viena en junio de 1979 por el Presidente de EE. UU., Jimmy Carter, y el líder soviético, Leonid Brézhnev, pero nunca fue ratificado por el Senado de EE. UU., aunque ambas partes cumplieron de manera informal muchas de sus disposiciones hasta mediados de la década de 1980.

Posteriormente, en diciembre de 1987, el «Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio» (Intermediate-Range Nuclear Forces, INF por su sigla en inglés) fue rubricado en Washington, D.C., por Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov. Sin embargo, en agosto de 2019, EE. UU. se retiró debido a disputas sobre el cumplimiento.

Seguidamente, en julio de 1991, George H. W. Bush y Mijaíl Gorbachov suscribieron el «Tratado de Reducción de Armas Estratégicas I» (Strategic Arms Reduction Treaty I, START I por su sigla en inglés), que entró en vigor en 1994. El acuerdo en cuestión expiró en diciembre de 2009.

Asimismo, se encuentra el «Tratado de Reducción de Armas Estratégicas II» (START II, por su sigla en inglés), firmado en enero de 1993 en Moscú por George H. W. Bush y Boris Yeltsin.  Sin embargo, es pertinente señalar que dicho acuerdo nunca entró plenamente en vigor.

A su vez, en este contexto, destaca el «Tratado de Reducción de Armas Estratégicas Ofensivas» (Strategic Offensive Reductions Treaty, SORT por su sigla en inglés), firmado en mayo de 2002 por George W. Bush y Vladimir Putin. Quedó sin efecto tras la entrada en vigor del Tratado New START.

Figura N°2 Los presidentes Obama y Medvédev firman el Tratado New START Nota: CSIS (2026).

A finales de la década de 1990 se iniciaron negociaciones para establecer un marco para un posible Tratado START III, pero no progresaron. En este sentido, en 2009, durante el mandato del Presidente Obama, se iniciaron las negociaciones del New START con el propósito de restablecer límites verificables tras la expiración del START I y de abordar las deficiencias identificadas en el SORT.

En el contexto de la defensa, el Tratado New START representó un hito significativo en la política estratégica global. Este acuerdo, firmado el 8 de abril de 2010 en Praga por los presidentes Barack Obama y Dmitri Medvédev, entró en vigor el 5 de febrero de 2011. El presente tratado imponía límites significativos, tales como: 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas (ICBM y SLBM desplegados, además de una ojiva por cada bombardero pesado desplegado); 700 vehículos de lanzamiento estratégicos desplegados (ICBM, SLBM y bombarderos pesados equipados con armamento nuclear); y 800 lanzadores estratégicos desplegados y no desplegados. Además, el acuerdo establecía un riguroso sistema de verificación que incluía: hasta 18 inspecciones in situ al año, intercambios semestrales de datos sobre las fuerzas, notificaciones de cambios, uso de medios técnicos nacionales (por ejemplo, satélites), intercambios de telemetría de pruebas de misiles y una Comisión Consultiva Bilateral para la resolución de disputas. El Tratado fue prorrogado por cinco años a principios de 2021, con vigencia hasta el 5 de febrero de 2026. No obstante, en febrero de 2023, Rusia suspendió su participación en medio de la guerra en Ucrania. Como se indicó anteriormente, el tratado llegó a su término el 5 de febrero del presente año, dado que su prórroga solo podía efectuarse una vez.

Figura N°3 Países capaces de fabricar ojivas nucleares en 2025. Nota:Foreign Policy (2026).

Pese a la existencia de ciertos tratados multilaterales que persiguen la imposición de restricciones a la proliferación de armas nucleares en determinadas áreas, como el Tratado Antártico (Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, 1961) y el Tratado para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe  (Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, 1974), es evidente que, en la actualidad y en la práctica, el control de armas convencionales entre EE. UU. y Rusia ha alcanzado su punto final.

A pesar de la voluntad de Rusia de continuar con el New START (TASS, 2026), EE. UU. se mostró en desacuerdo (The Wall Street Journal, 2026). De hecho, la administración del Presidente Trump había criticado repetidamente el New START por estar «mal negociado» y había abogado por un acuerdo modernizado, insistiendo en que las futuras conversaciones también incluyeran a China, cuyo arsenal nuclear está en crecimiento (The European Conservative, 2026). Además, es crucial considerar que la perspectiva del Presidente Trump privilegia las negociaciones transaccionales sobre los procesos acumulativos basados en conocimientos institucionales (por ejemplo, de la Secretaría de Estado). Este enfoque se fundamenta, entre otras razones, en la desconfianza de Trump hacia las acciones de sus predecesores.

Ambas partes han indicado que mantendrán su compromiso con la responsabilidad y se han formulado declaraciones relativas a los fundamentos de la negociación de un nuevo tratado (Sputnik, 2026), en el que, además, podrían participar China, el Reino Unido, Francia, otros aliados de EE. UU. y otros miembros de la OTAN (TASS, 2026). En particular, para EE. UU., resulta inquietante el caso chino, en el que su arsenal nuclear crece exponencialmente (Fox News, 2026). Sin embargo, es probable que China no esté dispuesta a limitar su arsenal nuclear en este momento, ya que su objetivo principal es alcanzar la paridad con EE. UU. Por su parte, Rusia ha declarado que no ejercerá presión sobre China para que participe en las negociaciones (TASS, 2026). Más aún, China ha señalado a EE. UU. como motivo de preocupación, identificado como factor que afecta la estabilidad del ámbito nuclear a nivel global. Esta situación se da en paralelo a las acusaciones de EE. UU. contra China, que señalan la realización de pruebas nucleares de manera confidencial por parte de este último país (Indian Defence News, 2026). Según la perspectiva china, «EE. UU. está generando pretextos para retomar los ensayos nucleares» (China Global Television Network, CGTN, 2026). En este sentido, cabe plantearse si el término del Tratado New START entre EE. UU. y Rusia, así como las disputas entre la potencia estadounidense y China, implican un mayor riesgo de guerra nuclear.

Consecuencias del fin del tratado New START

El caso de China lo dejaremos para un «Observatorio» posterior. Ahora nos centraremos en el problema estadounidense-ruso.

Para algunos expertos en la materia, como Stephen Holmes, de la New York University, la erosión de los sistemas de verificación y de la confianza entre naciones puede dar lugar a decisiones más arriesgadas (The Japan Times, 2026). Por su parte, Matt Korda, de la Federation of American Scientists, ha señalado que la expiración del Tratado New START obliga a ambos países a reconsiderar las hipótesis que han guiado la planificación nuclear durante más de una década. En ausencia de un tratado, de mecanismos de inspección ni del intercambio de datos, EE. UU. y Rusia se verán obligados a confiar en su propia inteligencia, lo que fomentará la planificación para «el peor de los casos» (worst-case scenario) y aumentará la incertidumbre. Adicionalmente, con la desaparición de los límites del tratado, la preocupación inmediata no es la construcción de nuevas armas nucleares, sino la rapidez con la que podrían desplegarse las ojivas existentes. Según Ankit Panda, investigador del Carnegie Endowment for International Peace, a corto plazo, Rusia podría actuar más rápido que EE. UU. Por su parte, Nicole Grajewski, también investigadora de la misma institución, afirmó que, efectivamente, la capacidad de Rusia para producir armas nucleares podría ser superior a la de EE. UU. en algunas etapas de la cadena de producción, pero no en todas. Según la investigadora, «lo que realmente limita a Rusia es el tema de los vehículos de lanzamiento». Esta afirmación adquiere una relevancia particular en el contexto actual, donde el conflicto bélico en Ucrania persiste sin muestra de cese. La capacidad productiva rusa en el ámbito de los misiles y otros sistemas de lanzamiento se encuentra estrechamente vinculada a instalaciones que, simultáneamente, proporcionan soporte a las armas convencionales empleadas en el conflicto bélico con su vecino, lo que limita la agilidad con la que Rusia podría expandir su capacidad de misiles intercontinentales, así como de armas lanzadas desde submarinos y de bombarderos, elementos que constituían el núcleo del Tratado New START. Según Grajewski «la principal preocupación radica en los avances de Rusia en ámbitos asimétricos», tales como el torpedo nuclear Poseidón (Covert Shores, 2019) y los misiles de crucero nucleares, que no están contemplados en los tratados vigentes (Fox News, 2026).

No obstante, para otros expertos en la materia, como Heather Williams, investigadora del CSIS, el asunto presenta una perspectiva más positiva. Según Williams, «esto es lo que significa y lo que no significa el fin del New START para la competencia estratégica: el fin del New START no augura el inicio de una carrera armamentística. El final del New START no implica necesariamente un incremento automático y significativo en el arsenal nuclear de EE. UU. Y el fin del New START no equivale al fin del control de armas; más bien, puede ser el comienzo de una nueva era de control de armas» (Center for Strategic & International Studies, CSIS, 2026). En este sentido, se propone una serie de recomendaciones para que EE. UU. ajuste su postura nuclear, incluyendo la posibilidad de aumentar el número de ojivas en plataformas existentes y de expandir la modernización de los sistemas nucleares (Center for Strategic & International Studies, CSIS, 2026).

Figura N°4 Países capaces de fabricar ojivas nucleares en 2025. Nota: Covert Shores (2019).

Conclusión

La expiración del Tratado New START marca el fin histórico del control verificable y bilateral de las armas nucleares estratégicas entre EE. UU. y Rusia. Este hecho supone el final de una era que se inició durante la Guerra Fría, con acuerdos como SALT I, START I y SORT. Estos marcaron el inicio de una arquitectura de desarme y limitación que buscaba, entre otros objetivos, reducir las armas nucleares a nivel mundial. Este fenómeno constituye una evidencia adicional que corrobora la transformación actual de las normas que rigen el orden internacional tras la Segunda Guerra Mundial.

Esta situación provoca una mayor incertidumbre y un mayor riesgo para la estabilidad estratégica global. La ausencia de transparencia y de mecanismos de confianza fomenta la planificación basada en el peor de los escenarios, incrementa el riesgo de malentendidos o de decisiones precipitadas en situaciones de crisis y podría acelerar el despliegue de ojivas adicionales en sistemas existentes. Aunque no necesariamente implica una carrera armamentística inmediata y masiva, sí abre la puerta a una mayor opacidad, a inversiones en sistemas asimétricos o no cubiertos por tratados previos.

En el ámbito de la seguridad internacional, se observan perspectivas divergentes que coexisten. Por un lado, expertos en la materia destacan un aumento significativo del riesgo de inestabilidad y de decisiones más arriesgadas. Por otro lado, se argumenta que la finalización del tratado no equivale automáticamente al colapso del control de armas, sino que podría representar el inicio de una nueva era más flexible y adaptada al contexto multipolar actual. Esta nueva era podría ofrecer oportunidades para enfoques innovadores, como la modernización de las posturas nucleares o la inclusión de nuevos actores en futuros acuerdos.

En definitiva, la finalización del New START cierra una etapa caracterizada por limitaciones verificables y predecibles, resultantes de décadas de esfuerzos por evitar una escalada nuclear, y abre un período de mayor vulnerabilidad estratégica. El mundo se enfrenta a un entorno caracterizado por una creciente incertidumbre y un riesgo potencial, en el que la confianza mutua y la verificación han sido sustituidas por la inteligencia propia, la desconfianza geopolítica y la dinámica de una competencia estratégica ampliada.

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