Centro de Estudios de la Academia de Guerra

Antecedentes generales  

Estados Unidos se encuentra en un proceso de negociación con Rusia y Ucrania, aunque las conversaciones estén de momento suspendidas. Sin embargo, en innumerables ocasiones la administración del presidente Trump ha señalado tener como objetivo, el lograr que ambos países vuelvan a conversar y logren alcanzar un acuerdo de paz, el que no se ha logrado debido a lo poco conciliables que son las contrapartes y las demandas que cada uno ha presentado. Ante ello, Estados Unidos mantiene el 30 de junio de este año como plazo final para alcanzar dicho acuerdo.

Según Daniel L. Zimmerman, subsecretario de guerra para asuntos de seguridad nacional de los Estados Unidos, Rusia cuenta con un gran y diverso arsenal nuclear, que es el mayor del mundo, gran poder militar e industrial, fuerzas terrestres, aéreas y marítimas competentes, con capacidades para la guerra asimétrica y sobre todo con la determinación de su población, para sostener una guerra de desgaste prolongada. Por ello, Washington advierte sobre la amenaza que constituye que, por determinadas circunstancias, estas capacidades se vuelvan contra sus propios intereses nacionales o los de Europa (U.S. Department of War).

Con esa visión y considerando que hasta ahora ha sido la ayuda estadounidense y la de algunos países occidentales la que ha permitido a Ucrania continuar resistiendo el esfuerzo de guerra, es que Estados Unidos solicitó a los países aliados, proporcionar ya sea por medio de la Unión Europea (UE) o la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), los recursos que Ucrania requiere para su defensa y disuasión en esta etapa de la guerra (U.S.Department of War, 18 de marzo 2026).

Mientras que para la administración anterior a la del presidente Trump, la invasión rusa representaba una “guerra de agresión de carácter ilegal”, en que el éxito ruso debía evitarse a toda costa, por el peligro que pudiese potenciar agresiones similares, por parte de la misma Rusia, sobre otros países de Europa; la actual administración estadounidense en cambio, se enfoca en acercarse al presidente ruso Vladimir Putin. El propio presidente Trump intenta presentarse como un mediador imparcial, que conoce y comprende tanto los fundamentos occidentales como los rusos, involucrados en este conflicto. Sin embargo, este trato deferente no ha provocado que Rusia abandone sus objetivos políticos y estratégicos, que continúan siendo intransables.

Apoyo económico y militar estadounidense a Ucrania para enfrentar la ofensiva primavera-verano rusa

A partir del año 2022, Ucrania se convirtió en el principal receptor de la ayuda exterior estadounidense, siendo la primera vez, desde el Plan Marshall, que un país europeo ocupa ese lugar. Para la ejecución de la asistencia económica y militar, durante la administración del presidente Biden no se impusieron muchos requisitos y en ese contexto Estados Unidos, por medio del Banco Mundial, concedió a Ucrania un préstamo por 20.000 millones de dólares[1]. Sin embargo, a inicios de su segundo mandato, Trump impulsó un significativo cambio de enfoque para la entrega de esta ayuda, que quedó “condicionada” a la utilización de la “Lista de Requisitos Prioritarios para Ucrania” (PURL, por sus siglas en inglés)[2], mecanismo de adquisición de la OTAN, impulsado por Alemania y Estados Unidos, que permite el financiamiento de equipo militar estadounidense, coordinado por la OTAN y destinado a Ucrania (United24 Media,2025). Este mecanismo expresa la “intención de Estados Unidos” de mantener el apoyo militar a Ucrania, aunque dentro de un contexto controlado (The House of Commons Library, 2026).  

Por medio del sistema PURL, Ucrania recibió 584 millones de dólares de Estados Unidos y los países aliados a mediados de 2025, así como algunos activos entre los que se incluyen sistemas de defensa aérea para la reposición de inventarios ya entregados por Europa a Ucrania (Infobae, 2026). Por tanto, en su conjunto, la mayor parte de los fondos asignados a Ucrania[3] permanece en la propia economía estadounidense, por medio de las empresas de defensa que fabrican y disponen de los sistemas de armas requeridos. Ejemplo de ello es lo que sucede principalmente con Lockheed Martin, que fabrica los sistemas de misiles Patriot (United24, 2025).  

En este contexto, Mark Rutte, secretario general de la OTAN ha señalado que “Europa necesita a Estados Unidos para defenderse y que es totalmente lógico que se implique financiando la ayuda estadounidense” por medio de un mecanismo como el señalado (The New York Times, 2026).

Se aprecia entonces que Estados Unidos no se ha desentendido de Europa ni de la guerra en Ucrania. Ha mantenido la entrega de paquetes de ayuda decididos durante la administración anterior y busca reactivar nuevamente el mecanismo de las “conversaciones entre las partes en conflicto”, fijándoles el 30 de junio como fecha límite para llegar a un “Acuerdo de Paz” (Nato, 2026). 

Hasta el 31 de diciembre 2025 el Congreso de Estados Unidos ha aprobado para Ucrania la suma de 188.000 millones de dólares en gastos para la guerra[4]. La ley de presupuesto y financiamiento del Departamento de Guerra de los Estados Unidos para el año fiscal 2026-27 incluye un monto de 400 millones de dólares para la asistencia a Ucrania, por medio del mecanismo PURL. Esta cantidad, sin embargo, representa una fuerte disminución respecto a lo entregado anteriormente lo que, puesto en contexto, incluyó para Ucrania casi 14.000 millones de dólares en abril de 2024   (Ukrinform, 2026).

Condiciones impuestas por Estados Unidos a Ucrania para la mantención de su apoyo

El enfoque de Estados Unidos ha evolucionado desde un apoyo “incondicional” a un enfoque “transaccional”, condicionado y enfocado a la resolución rápida de esta etapa de la guerra (Atlantic Council, 2025), lo que significa que Ucrania deberá en adelante, reformar su aparato institucional para así reducir los niveles de corrupción, a cambio de recibir el apoyo militar y económico que necesita.

Principales condiciones 

El Plan de Estados Unidos para la paz en Ucrania, para el 2026, está centrado en que las partes accedan a un nuevo proceso de negociación y lleguen a un “alto el fuego” conducente a un “acuerdo de paz” que permita finalizar la guerra y congelar el conflicto. Además, establece la creación de un Fondo de Inversión para la Reconstrucción de Ucrania en el período de postguerra (Le Grand Continent, 2025).

Se exige a Ucrania abandonar sus aspiraciones de unirse a la OTAN, optando en su lugar por el sistema de “garantías alternativas” de seguridad que le ofrece Estados Unidos, por el plazo de 15 años, al más alto nivel, similares al Artículo 5° de la OTAN[5], aunque sin despliegue de tropas norteamericanas. Así mismo, limitar su adquisición de cierto tipo de armamentos y considerar para más adelante una reducción significativa del tamaño de sus Fuerzas Armadas. También, Ucrania debe realizar importantes reformas institucionales, económicas y de seguridad que permitan alinear la normativa institucional ucraniana a los estándares tanto de la Unión Europea como de la Alianza Atlántica; y, en lo económico, someterse a una estricta supervisión y rendición de cuentas sobre el uso de los fondos que le sean asignados como ayuda financiera y militar.  

A cambio de la propuesta norteamericana, Ucrania deberá hacer concesiones territoriales, principalmente en aquellas áreas que actualmente se encuentran bajo control de Rusia[6], y que abarcan, la península de Crimea, ocupada y anexionada por Rusia desde 2014 así como una extensa franja en el este y sur del país. Específicamente en los siguientes regiones[7]: 1) Lugansk, controlado por Rusia en un 98%. 2) Donetsk, controlado en un 83% y que incluye importantes ciudades como Mariúpol, Bajmut, Avdivka y diversas zonas que forman parte del actual frente de batalla, como Pokrovsk y Zaporiyia. En esta última, Rusia controla una parte de su zona central y casi la totalidad de su zona sur, incluyendo las costas del mar de Azov. Si bien no controla su capital administrativa, si lo hace respecto de la central nuclear de Zaporiyia. 3) Jersón, en que Rusia domina amplias franjas de territorio, especialmente en la orilla izquierda del río Dniéper, así como la ciudad capital del mismo nombre (Al Jazeera, 2026). 

La continuidad de la ayuda estadounidense está condicionada, además, a que los países de Europa aumenten su propio gasto militar de manera que puedan asumir un peso mayor en la defensa tanto de Europa en general como de Ucrania en particular (U.S.Government Accountability Office,2026).

[1] El Inspector General Especial de Estados Unidos, para la Operación Atlantic Resolve, operación militar de carácter multifacético, establecida por el Mando europeo de Estados Unidos (EUCOM) para la seguridad de Europa del Este señala que este préstamo debe ser reembolsado con intereses provenientes de los activos rusos congelados.

[2] En United24 Media, del 3 de octubre de 2025 se explica el funcionamiento de la Lista de Requisitos Prioritarios para Ucrania (Prioritized Ukraine Requirements List).

[3] En su conjunto, los fondos que han entrado en la economía estadounidense debido a las actividades de defensa relacionadas con Ucrania ascienden a los 70.000 millones de dólares. Fuente: “Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales” (CSIS), 19 mayo 2025.

[4] De ellos, 164.000 millones provienen de cinco leyes, la última aprobada en abril 2024 y el resto procede de presupuestos anuales de diversas agencias. Datos de la Oficina del Inspector General Especial de Estados Unidos (SIGAR-OAR).

[5] El artículo 5° del Tratado del Atlántico Norte establece, en lo fundamental, que un ataque armado contra un miembro de la OTAN se considerará un ataque contra todos los miembros, y desencadena la obligación de que cada miembro acuda en su ayuda.

[6] Rusia controla aproximadamente 116.000 Kilómetros cuadrados de territorio, correspondiente a un 20% del total de Ucrania.

[7] En Ucrania, la principal división administrativa y territorial de Ucrania se denomina Oblast, existiendo veinticuatro (24) en este país.

Figura N°1 Evaluación del control del terreno en la guerra ruso ucraniana al 24 de mayo 2026 Nota: ISW (2026).

Escenarios futuros para Ucrania en el conflicto armado

De los antecedentes estudiados hasta aquí, consideramos tres escenarios posibles. El primero, “que podría considerarse el más negativo para Ucrania y Europa” consiste en que, a falta de un acuerdo de paz negociado y vigente, Rusia obtuviera una victoria estratégica significativa que cambie el curso de la guerra a su favor. Al respecto, Serguei Lavrov, ministro de exteriores ruso ha señalado que, si bien Rusia no se encuentra en guerra con la OTAN, Occidente y la organización transatlántica parecen creer que si lo están, no ocultando querer que Rusia y Putin sean derrotados y estarse preparando para ello (El HuffPost).

El segundo escenario, consiste en que las partes lleguen a un “acuerdo de paz” bajo las condiciones establecidas por Estados Unidos, principalmente en lo referido a la no adhesión de Ucrania en la OTAN y la cesión de parte de su territorio a Rusia. En el caso de aceptarse estas condiciones por parte de Ucrania, en el largo plazo este escenario significaría mayor seguridad y estabilidad para Ucrania, supeditada a Estados Unidos, y para Europa. Del mismo modo implicaría mayor seguridad mundial, al permitir poner término a la guerra.

El tercer escenario consiste en llegar a un acuerdo consensuado en que se contemple el Plan original de Estados Unidos y las posteriores adecuaciones hechas junto a los representantes de Ucrania. Por tanto, en este escenario se contemplarían tanto las demandas rusas como las ucranianas, principalmente en cuanto condiciones de seguridad y de recuperación económica para Ucrania. En este escenario, Rusia también recibiría garantías de seguridad a cambio de lo cual podría mantenerse en el Donbas, pero entregar aquellas zonas que ocupa y no controla completamente (Euronews, 2026).   

Conclusión

La administración Trump no ha abandonado los intereses de seguridad que motivaron el compromiso norteamericano en Ucrania; los ha reconfigurado: externaliza la carga financiera hacia Europa mediante el mecanismo PURL, mientras preserva el control sobre los flujos de defensa y sus efectos sobre la economía doméstica. La ayuda a Ucrania opera simultáneamente como política exterior, instrumento de disuasión y política industrial.

Esta reconfiguración enfrenta una contradicción estructural: el plazo del 30 de junio carece de palancas coercitivas sobre Rusia, cuyos incentivos —arsenal nuclear, capacidad de desgaste, determinación poblacional— no la obligan a ceder. La asimetría de presión recae sobre Kiev: es Ucrania, no Moscú, quien opera bajo amenaza implícita de reducción del apoyo. Exigir concesiones territoriales al Estado invadido como condición de continuidad invierte la lógica histórica de la cooperación en seguridad.

Las “garantías alternativas” al Artículo 5° plantean además un problema irresoluble para la teoría de la disuasión: una garantía no demostrable ex ante es, en rigor, una declaración de intención no vinculante que reformula la ecuación de seguridad ucraniana en términos más favorables para el garante que para el disuadido.

Finalmente, la variable decisiva no es negociadora sino política: la ausencia de consenso interno en Ucrania no constituye un obstáculo procesal. Un acuerdo impuesto sobre una sociedad que rechaza sus términos no cierra el conflicto; lo congela.

Revisa el material de apoyo

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