Centro de Estudios de la Academia de Guerra

Las operaciones en la zona gris se refieren a acciones coercitivas situadas entre la diplomacia pacífica y la guerra abierta. Estas actividades están diseñadas para promover los objetivos de una nación —como reclamaciones territoriales, dominio económico o influencia política— sin superar el umbral que desencadenaría una respuesta militar a gran escala. Aprovechan la ambigüedad y suelen recurrir a medios de negación plausible o no cinéticos, como la presión económica, la desinformación, los ciberataques y las operaciones paramilitares, que, en el caso de China, destacan las acciones desarrolladas por su flota pesquera, conocida formalmente como la «Milicia Marítima de las Fuerzas Armadas del Pueblo» (Landreth, 2021), utilizadas para imponer costos estratégicos a sus adversarios y modificar el equilibrio de poder sin recurrir a una confrontación directa (CSIS, 2025).

Figura N°1 Miles de barcos pesqueros fondeados cerca del puerto de Shenjiamen, el 1 de septiembre de 2020, en la ciudad de Zhoushan, China Nota: Landreth (2021).

Antecedentes históricos

A menudo se relacionan las raíces conceptuales del enfoque en la zona gris de China con la famosa máxima del capítulo III de «El arte de la guerra» de Sun-Tzu: «El arte supremo de la guerra consiste en someter al enemigo sin luchar» (Sun-Tzu, 2000). En la actualidad, también se utiliza el término analítico «Avanzar sin Atacar», acuñado por primera vez por el académico Dan Altman en su artículo titulado «Advancing without Attacking: The Strategic Game around the Use of Force»[1] (Altman, 2018). Altman utiliza esta expresión para describir estrategias mediante las cuales los actores obtienen ganancias territoriales o posicionales incrementales sin desencadenar un conflicto cinético a gran escala, una dinámica que se observa en las actividades de zona gris de China.

En términos modernos, las operaciones chinas en la zona gris evolucionaron a partir de las estrategias revolucionarias de principios del siglo XX. Influenciado por las tácticas ancestrales chinas y el modelo bolchevique soviético, Mao Tse-tung[2] adoptó en la década de 1920 tácticas de guerra política (Mao, 2000), combinando la organización clandestina, las alianzas con otros grupos y la capacidad armada, incluida la guerrillera, para tomar el poder de forma asimétrica frente a oponentes más fuertes como el Kuomintang de su rival, Chiang Kai-shek. Esto implicaba medidas no cinéticas, como la propaganda, la movilización y la reformulación ideológica, junto con levantamientos cinéticos, lo que conformaba una doctrina que abogaba por el uso de todos los instrumentos de poder para neutralizar las fortalezas del enemigo.

Esta perspectiva en evolución ha generado un debate en torno a conceptos denominados de diversas maneras y que se confunden con facilidad: «conflicto en la zona gris», «guerra híbrida»[3] o «guerra política»[4] (The Strategy Bridge, 2023). Los conflictos en la zona gris describen, en gran medida, una situación habitual durante la Guerra Fría. «Como era de esperar, (en la actualidad) la atención sigue centrada principalmente en Rusia y China. Sin embargo, dentro de esta orientación, la agresiva combinación de medidas cinéticas y no cinéticas por parte de Moscú, sobre todo en lo que respecta a su evidente expansión territorial, ha llevado a centrar la atención de manera más directa en la dimensión bélica de la cuestión. El uso de métodos irregulares por parte de China ha sido menos analizado» (Marks & Ucko, 2021).

Por otro lado, la multidimensionalidad de las operaciones en la zona gris se manifiesta en el empleo simultáneo y coordinado de diversos dominios —diplomático, informativo, militar, económico, cibernético, espacial y jurídico—, lo que posibilita una aproximación integral que trasciende la confrontación armada convencional. Estas estrategias operan principalmente en una fase de competencia prolongada por debajo del umbral del conflicto abierto, la denominada fase de zona gris. En este contexto, los actores buscan erosionar gradualmente la posición de sus adversarios, modificar el statu quo y generar condiciones favorables, ya sea para evitar una escalada hacia una guerra convencional o para asegurar ventajas estratégicas en caso de que esta ocurra. Se configura así una dinámica de confrontación persistente y asimétrica, en la que la ambigüedad deliberada constituye una herramienta estratégica fundamental.

[1] «Avanzar sin atacar: el juego estratégico en torno al uso de la fuerza».

[2] También se escribe Mao Zedong.

[3] La guerra híbrida es aquella en la que al menos uno de los adversarios recurre a una combinación de operaciones convencionales y de guerra irregular asimétrica.

[4] En China se habla de las «Tres guerras», que se definen explícitamente como una doctrina de «guerra política» flexible desarrollada por el Ejército Popular de Liberación (EPL). Las «Tres guerras» son: la guerra de opinión pública o guerra mediática; la guerra psicológica; y la guerra legal o jurídica.

China y las operaciones en la zona gris en estos meses

Pekín sigue, en la actualidad, con sus operaciones en la zona gris —intimidación militar, presión económica, operaciones cibernéticas e informativas y un uso calibrado de la fuerza— en múltiples escenarios, remodelando la realidad sobre el terreno sin llegar a una guerra abierta. Este enfoque gradual se aprovecha de las respuestas regionales fragmentadas y reactivas, así como de la ambigüedad de la política estadounidense. Entre otras acciones, cabe mencionar tanto la construcción de infraestructuras de doble uso por parte de China en zonas próximas a la India y al Pacífico Sur (Sinopsis, 2025), como la inclusión de veinte empresas japonesas en un catálogo de entidades sujetas a restricciones, en represalia por las declaraciones de la primera ministra Sanae Takaichi sobre Taiwán. Esta última medida ha profundizado la crisis bilateral hasta alcanzar su punto más crítico desde 2012 (Al Jazeera, 2026).

Nodos críticos de escalada

Taiwán
Las tensiones siguen siendo elevadas y persiste el riesgo de invasión. En las maniobras «Misión Justicia 2025» de China participaron más de 100 aviones —muchos de ellos cruzaron la línea media—, 13 buques de guerra y 14 de la Guardia Costera, así como cohetes disparados contra la zona contigua a 24 millas náuticas de Taiwán (Global Taiwan Institute, 2026).

Figura N°2 Falsificación de la ubicación de un buque chino en Tamsui, Taipei. Nota: ISW (2026).

Persisten las operaciones en la zona gris, como la suplantación de señales AIS[1] que simulan buques chinos —incluido un buque falso de la Guardia Costera China (GCC)— en puertos taiwaneses como Tamsui —un posible lugar de desembarco—, con el objetivo de provocar confusión cognitiva (ISW, 2026), así como el empleo de flotas pesqueras como milicia marítima, mediante el despliegue de embarcaciones civiles pero coordinadas para mantener presencia, hostigar y obstruir a las fuerzas taiwanesas, generando dilemas sobre cómo responder sin parecer que se ataca a civiles.

La aparente vacilación de Estados Unidos respecto de un paquete de armamento para Taiwán, valorado en aproximadamente 20.000 millones de dólares —que incluiría sistemas IBCS, PAC-3 MSE, NASAMS y radares destinados a la defensa aérea y antimisiles integrada «T-Dome»— podría estar relacionada con la conversación telefónica sostenida entre Xi Jinping y Donald Trump en febrero de 2026 (Financial Times, 2026). Durante dicha llamada, Xi instó a Trump a abordar con «prudencia» la venta de armas estadounidenses a Taiwán, al considerarla «la cuestión más importante» en las relaciones entre Estados Unidos y China, y reiteró que Pekín «nunca permitirá que Taiwán se separe de China» (The New York Times, 2026). Y a fines de abril, el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, señaló durante una conversación telefónica con su homólogo estadounidense, Marco Rubio, que la cuestión taiwanesa afecta a los «intereses fundamentales» de China y constituye «el mayor riesgo» para las relaciones bilaterales entre Pekín y Washington (The Phnom Penh Post, 2026).

En este contexto, los días 14 y 15 de mayo de 2026 se realizó una cumbre entre Trump y Xi en Pekín, en la que se abordaron diversos temas (CNBC, 2026). Solo en relación con el problema de Taiwán, el asunto fue ampliamente debatido. Sin embargo, los resultados se limitaron a la reiteración de las posiciones previamente conocidas, al intercambio de advertencias mutuas y al aplazamiento de nuevas decisiones por parte de Estados Unidos respecto a la venta de armamento (AP News, 2026).

En consecuencia, podrían producirse cambios a partir de mediados de mayo. Por ahora, la situación permanece incierta y sigue siendo observada de cerca. A la fecha de cierre de este Observatorio, Washington no había anunciado ni aprobado ninguna nueva venta de armamento a Taiwán desde el paquete récord de aproximadamente 11.000 millones de dólares aprobado en diciembre de 2025 (DW, 2026).

Mar de China Meridional

Predominan los enfrentamientos persistentes de baja intensidad entre China y Filipinas. Entre los incidentes se incluyen colisiones de buques, uso de cañones de agua, acusaciones de interferencia de Starlink contra las fuerzas chinas (Newsweek, 2026) y la continua militarización de arrecifes, como las nuevas construcciones en el arrecife Antelope[2] (Asia Maritime Transparency Initiative, CSIS, 2022), en las islas Paracel, desde diciembre de 2025 (Defense News, 2026).

[5] La señal AIS (Automatic Identification System, o Sistema de Identificación Automática) es una tecnología utilizada en la navegación marítima que permite a buques y estaciones costeras intercambiar automáticamente información como posición, rumbo y velocidad mediante radio VHF. Su principal objetivo es mejorar la seguridad marítima y prevenir colisiones.

[6]Ocupado por China.

Figura N°3 Foto aérea del arrecife Antelope (Lingyang Jiao, para China) Nota:Asia Maritime Transparency Initiative, CSIS (2022).

China reafirma sus reivindicaciones sobre la «línea de nueve trazos»[7], rechazadas por el arbitraje de 2016 (The Diplomat, 2025), mientras que Filipinas ha profundizado sus lazos con Estados Unidos, Japón y Australia (Star and Stripes, 2026). El Diálogo Estratégico Bilateral entre Estados Unidos y Filipinas, celebrado el 16 de febrero, reafirmó la cobertura del Tratado de Defensa Mutua (U.S. Department of State, 2026).

Mar de China Oriental

Las islas Senkaku (llamadas Diaoyu, en chino) son un grupo de cinco islotes deshabitados y tres rocas áridas, que, aunque están bajo la jurisdicción de Japón, tanto China como Taiwán reclaman su soberanía.

La estrategia de China es multifacética. Por un lado, al mantener una presencia casi constante, China pretende, mediante la afirmación de soberanía, crear «hechos consumados» y desafiar el control jurisdiccional de Japón, lo que podría sentar precedentes para futuras reivindicaciones. Por otro lado, China disuade y coacciona, ya que sus patrullas impiden la pesca japonesa y la exploración de recursos, al tiempo que presionan a Tokio en medio de disputas regionales más amplias, incluidas las relacionadas con Taiwán y con las alianzas con Estados Unidos. También hay intereses económicos y estratégicos en juego, ya que la zona es rica en recursos pesqueros y en hidrocarburos. Además, no se deben ignorar las variables de la política interna, ya que al mostrar su determinación, China refuerza el sentimiento nacionalista y respalda el énfasis de Xi Jinping en el poder marítimo.

Análisis estratégico-militar

Las operaciones en la zona gris utilizadas por China constituyen un componente central de su estrategia para aumentar gradualmente su influencia regional sin recurrir a una guerra abierta. Pekín combina presión militar, operaciones de información, coerción económica, ciberoperaciones y el uso de actores civiles —como flotas pesqueras— para imponer costos a sus adversarios y modificar el statu quo sin cruzar claramente el umbral del conflicto convencional.

Desde el punto de vista militar, esta estrategia se basa en la acumulación progresiva de «sucesos críticos», aprovechando la ambigüedad jurídica y operacional para desgastar la capacidad de respuesta de Estados Unidos y sus aliados. Taiwán constituye el principal foco de tensión, donde las maniobras militares chinas, el cruce de la línea media y el uso combinado de fuerzas navales, guardacostas y embarcaciones civiles buscan aumentar la presión psicológica y operativa sobre Taipéi.

En el Mar de China Meridional y el Mar de China Oriental, China aplica tácticas similares frente a Filipinas y Japón, respectivamente, mediante incursiones, coerción marítima y la presencia constante de guardacostas, con el objetivo de erosionar gradualmente el control y la credibilidad de las alianzas regionales lideradas por Estados Unidos.

La dimensión político-estratégica también es clave. Pekín utiliza la cuestión de Taiwán como elemento de presión diplomática sobre Washington, especialmente en relación con las ventas de armamento y las negociaciones bilaterales. En conjunto, la estrategia china busca debilitar la voluntad política de sus adversarios, normalizar su presencia coercitiva en áreas disputadas y reducir la credibilidad de las garantías de seguridad estadounidenses.

El principal riesgo no radica únicamente en un conflicto armado, sino también en una escalada accidental provocada por incidentes recurrentes y por la creciente proximidad operacional entre fuerzas militares y paramilitares, que ya sería parte del conflicto, en su fase crisis. Frente a este escenario, los países afectados deberían fortalecer la coordinación entre aliados, mejorar sus capacidades de vigilancia y disuasión, y establecer reglas claras de enfrentamiento que permitan reducir el riesgo de errores de cálculo y contener el avance gradual de China en el Indo-Pacífico.

[7]   Línea en forma de U que China utiliza en su cartografía para reclamar la mayor parte del Mar de China Meridional con base en supuestos «derechos históricos».

Conclusión

Las operaciones en la zona gris empleadas por China se han consolidado como uno de los principales instrumentos de su estrategia para ampliar gradualmente su influencia en el Indo-Pacífico sin recurrir a un conflicto armado abierto. A través de una combinación de presión militar limitada, coerción económica, operaciones informativas y cibernéticas, así como del uso de actores civiles y paramilitares, Pekín busca modificar el statu quo regional mientras mantiene la confrontación por debajo del umbral de una guerra convencional.

El análisis de los casos de Taiwán, el Mar de China Meridional y el Mar de China Oriental demuestra que China aplica un patrón estratégico coherente: incrementar gradualmente la presión sobre sus adversarios mediante acciones ambiguas y persistentes, destinadas a erosionar la capacidad de respuesta política y militar de los Estados afectados y de sus aliados.

Taiwán continúa siendo el principal foco de tensión estratégica, como se vio en la reciente cumbre entre los presidentes Xi y Trump en Pekín. Las acciones chinas evidencian un esfuerzo sostenido por aumentar la presión psicológica, política y operativa sobre Taipéi, mientras Pekín utiliza la cuestión taiwanesa como instrumento de negociación y de presión diplomática frente a Washington.

En paralelo, en el Mar de China Meridional y en torno a las islas Senkaku/Diaoyu, China mantiene una política de presencia constante y coerción marítima destinada a consolidar sus reclamaciones territoriales y reforzar su posición estratégica. Estas acciones incrementan el riesgo de incidentes y de escaladas involuntarias, especialmente debido a la creciente interacción entre fuerzas militares, guardacostas y actores paramilitares en espacios reducidos y altamente disputados.

En consecuencia, el principal desafío para los actores regionales no consiste únicamente en prevenir un conflicto convencional, sino también en responder eficazmente a una competencia estratégica prolongada caracterizada por la ambigüedad, la presión gradual y el desgaste político. Frente a este escenario, será fundamental fortalecer la coordinación entre aliados, mejorar las capacidades de vigilancia, resiliencia y disuasión, y desarrollar marcos de respuesta más adaptados a las dinámicas propias de la «zona gris» para reducir el riesgo de errores de cálculo en el Indo-Pacífico.

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