Centro de Estudios de la Academia de Guerra

El 6 de abril, el presidente surcoreano Lee Jae-myung expresó oficialmente su pesar por las incursiones de drones civiles surcoreanos en territorio norcoreano ocurridas entre septiembre de 2025 y enero de 2026, calificándolas de irresponsables y ordenando medidas para evitar que se repitan (Reuters, 2026).

En respuesta, y en menos de 24 horas, Kim Yo Jong —figura central del aparato político norcoreano y hermana de Kim Jong Un— emitió un pronunciamiento inusualmente favorable hacia Lee, destacando su actitud «honesta y audaz» y utilizando por primera vez su título formal, «Presidente de Corea del Sur» (Reuters, 2026). Este gesto, de alto valor simbólico, fue interpretado por Seúl como un indicio de una posible distensión.

Sin embargo, Pyongyang desmintió rápidamente esa interpretación. A través de una declaración oficial, el primer viceministro de Relaciones Exteriores, Jang Kum Chol, reafirmó que el mensaje constituía una advertencia y no una apertura al diálogo, insistiendo en que Corea del Sur sigue siendo «el Estado más hostil» hacia Corea del Norte, y se burló del Gobierno de Seúl por intentar reactivar un diálogo estancado desde hacía tiempo, calificando a sus funcionarios de «tontos que dan de qué hablar en todo el mundo» (CNN, 2026). La advertencia discursiva de Pyongyang fue seguida de inmediato por una acción militar.

Figura N°1 Corea del Norte lanza misiles balísticos tras declarar a Corea del Sur su «enemigo más hostil» (Foto de AP Photo/Ahn Young-joon) Nota:Euronews (2026).

En efecto, entre el 6 y el 8 de abril, Corea del Norte realizó una serie coordinada de lanzamientos de misiles balísticos, en el marco de un ciclo de pruebas de armamento de tres días (Euronews, 2026).

Secuencia operativa de los lanzamientos

El 7 de abril, fuerzas norcoreanas lanzaron misiles desde un vector proveniente del área de Pyongyang. El Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur evaluó el sistema como un misil balístico de corto alcance (SRBM) (The Diplomat, 2026).

El 8 de abril, en horas de la mañana, se registraron múltiples lanzamientos de SRBM desde la zona costera de Wonsan, en la provincia de Kangwon. Los misiles recorrieron aproximadamente 240 km antes de impactar en el Mar de Japón[1], lo que indica un perfil de vuelo táctico de corto alcance, posiblemente orientado a la validación de precisión y sincronización (UPI, 2026). Posteriormente, en horas de la tarde, se realizó un lanzamiento adicional desde el mismo sector. Este misil tuvo un alcance superior a 700 km (The Diplomat, 2026), una altitud máxima de unos 60 km y aterrizó fuera de la zona económica exclusiva (ZEE) de Japón (Jiji Press, 2026).

[1] Llamado Mar del Este por los coreanos.

Declaración de Corea del Norte

El 9 de abril, la Agencia Central de Noticias de Corea del Norte (Korean Central News Agency, KCNA por sus siglas en inglés) informó que durante tres días se llevaron a cabo pruebas del sistema de armas electromagnéticas y del lanzamiento de bombas de fibra de carbono, verificaron la fiabilidad de un sistema móvil de misiles antiaéreos de corto alcance y evaluaron la aplicación en combate y la potencia de la ojiva de bombas de racimo en un misil balístico táctico. También realizaron un ensayo independiente de encendido de motor, utilizando materiales de bajo costo, para verificar la carga máxima de trabajo (KCNA, 2026).

Lo más destacado de las pruebas de esos tres días fue el lanzamiento del misil balístico táctico Hwasong-11Ka, un SRBM con capacidad de transportar una cabeza nuclear, similar a la del Iskander ruso. Se probó una ojiva con submuniciones u ojiva de racimo que, según afirma Corea del Norte, puede «reducir a cenizas cualquier objetivo» (KCNA, 2026) cubriendo hasta unas 7 hectáreas con «la máxima densidad de potencia» (KCNA, 2026). Estos misiles están diseñados para un vuelo maniobrable a baja altitud con el fin de eludir las defensas.

Opiniones de analistas

Los analistas (Reuters, 2026) consideran que esto forma parte del esfuerzo continuo de Pyongyang por modernizar su arsenal convencional y nuclear, demostrar su fiabilidad en combate y enviar una señal de fortaleza en medio de los cambios geopolíticos mundiales, incluidos los vínculos más estrechos con Rusia y China.

Según el profesor Lim Eul-chul, de la Universidad de Kyungnam, Corea del Norte estaría avanzando en la modernización de su arsenal mediante la incorporación de tecnologías adaptadas a la guerra contemporánea. Entre estas se incluyen sistemas de guerra electromagnética con potencial para degradar o inutilizar los circuitos electrónicos de plataformas adversarias, lo que podría afectar activos de alto valor, como los cazas furtivos F-35A de Corea del Sur o los destructores equipados con el sistema Aegis[2]. Asimismo, el desarrollo de bombas de fibra de carbono —empleadas por potencias como Estados Unidos y China— permitiría neutralizar infraestructuras críticas, como las redes eléctricas, mediante la dispersión de filamentos conductores sobre objetivos estratégicos. Según Lim, estas capacidades podrían constituir un multiplicador significativo en escenarios de conflicto (Reuters, 2026).

Por su parte, Shin Jong-woo, secretario general del Foro de Defensa y Seguridad de Corea, indicó que Pyongyang estaría incorporando lecciones operativas derivadas de conflictos recientes, como los de Ucrania y el Medio Oriente. En este contexto, destacó que Corea del Norte estaría reconociendo abiertamente el desarrollo de capacidades orientadas a la neutralización de la infraestructura industrial surcoreana. Según Shin, estos avances responden a un enfoque de guerra asimétrica, con énfasis en la producción masiva de sistemas y en el empleo de la guerra electrónica para degradar las redes eléctricas y las infraestructuras críticas (Reuters, 2026).

[2] El Sistema de Combate Aegis es un conjunto integrado de armas navales estadounidense, producido por Lockheed Martin, que utiliza computadoras avanzadas y radares para detectar, rastrear y guiar armas destinadas a la interceptación y destrucción de objetivos enemigos.

Existe un punto de vista de análisis relevante, evidenciado en las declaraciones del experto estadounidense Bruce E. Bechtol Jr., que vincula a Corea del Norte con Irán y con sus misiles. Mientras misiles iraníes y de fuerzas aliadas han estado atacando posiciones estadounidenses y de sus socios en el Golfo Pérsico, un elemento clave ha quedado prácticamente ausente del foco mediático: el papel de Corea del Norte como proveedor de armamento y tecnología. Los misiles balísticos actualmente utilizados por Teherán contra objetivos estadounidenses y las redes de túneles guardarían vínculos, según Bechtol, con capacidades y transferencias tecnológicas originadas en Pyongyang (Military.com, 2026).

Figura N°2 Corea del Norte lanza un misil balístico de alcance intermedio equipado con una ojiva hipersónica, el 2 de abril de 2026 Nota: The Korea Times (2026).

En un análisis reciente, Bechtol señala que, tras revisar fuentes abiertas en Estados Unidos, Europa y Asia oriental, no identificó «ninguna» referencia al papel de Corea del Norte, pese a que —según afirma— «las pruebas están ahí». Como ejemplo, destaca el misil Khorramshahr-4, equipado con una ojiva de racimo de aproximadamente dos toneladas, cuyo origen se remonta a los 19 misiles Musudan transferidos por Corea del Norte en 2005. Posteriormente, ingenieros iraníes, con apoyo norcoreano, incrementaron la masa de la ojiva, reduciendo su alcance a unos 2.000 kilómetros, una configuración optimizada para objetivos en Israel. En ausencia de dicha carga, el sistema recuperaría su alcance máximo y se extendería hasta objetivos a mayor distancia, como la isla de Diego García (Military.com, 2026).

Análisis estratégico-militar

Corea del Norte está siguiendo un patrón claro de señalización estratégica gradual, en el que el discurso político, las demostraciones militares y la validación tecnológica se articulan como parte de una misma lógica operativa. Desde una perspectiva estratégico-militar, no se trata de eventos aislados, sino de una secuencia deliberada de coerción calibrada orientada a reforzar la disuasión, probar capacidades emergentes y moldear el entorno de seguridad regional.

En primer lugar, la interacción inicial entre Seúl y Pyongyang evidencia un uso deliberado de la comunicación estratégica. La respuesta aparentemente conciliadora de Kim Yo Jong, seguida de una rápida rectificación por parte del aparato diplomático norcoreano, sugiere una ambigüedad controlada orientada a generar incertidumbre en la toma de decisiones de Corea del Sur. Este comportamiento se alinea con prácticas conocidas de manipulación perceptiva, en las que señales contradictorias buscan aprovechar las divisiones internas o provocar errores de cálculo en el adversario. La acción militar posterior refuerza la idea de que el discurso inicial no apuntaba a una distensión real, sino que formaba parte de una fase previa de una estrategia de presión gradual.

En el plano operacional, los lanzamientos de misiles muestran un ciclo de pruebas orientado a mejorar las capacidades tanto tácticas como técnicas. La combinación de ensayos fallidos, salvas múltiples y disparos de mayor alcance sugiere un proceso de ajuste continuo, más que una simple demostración de fuerza. Resulta especialmente relevante el uso de vuelos a baja altitud y de trayectorias maniobrables, lo que apunta a la intención de superar los sistemas de defensa antimisiles avanzados desplegados por Corea del Sur y Japón. En conjunto, esto indica una evolución hacia capacidades orientadas a saturar defensas y evadir interceptaciones, en línea con posibles escenarios de conflicto de alta intensidad en entornos fuertemente protegidos.

Más significativo aún es el énfasis en las capacidades no cinéticas y en la disrupción de sistemas clave. La incorporación de armas electromagnéticas y bombas de fibra de carbono sugiere una clara orientación hacia ataques contra infraestructuras críticas, en particular contra redes eléctricas y sistemas electrónicos. Este tipo de medios permite a Corea del Norte compensar sus desventajas convencionales al afectar directamente el funcionamiento del adversario, reduciendo su capacidad operativa sin recurrir de inmediato a la destrucción masiva. En este sentido, el enfoque coincide con tendencias observadas en conflictos recientes, en los que la degradación de los sistemas energéticos y de mando y control ha tenido un impacto estratégico considerable.

La mención explícita de ojivas con submuniciones en misiles balísticos tácticos introduce un elemento adicional de preocupación. Este tipo de carga amplía el efecto de área y resulta particularmente eficaz contra concentraciones de fuerzas, aeródromos o infraestructuras logísticas, reforzando la capacidad de Corea del Norte para ejecutar ataques de negación de área (A2AD, por su sigla en inglés). En combinación con la posibilidad de producción en masa, este enfoque sugiere una doctrina orientada a la saturación operativa, en la que el volumen compensa las limitaciones tecnológicas relativas. Además, la experiencia que Corea del Norte está adquiriendo en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán de 2026 es invaluable al ver en acción su tecnología de misiles.

Asimismo, el desarrollo de pruebas con materiales de bajo costo apunta a una estrategia de optimización industrial y de sostenibilidad bélica, clave en escenarios prolongados. Esto refuerza la hipótesis de que Pyongyang no solo busca demostrar capacidades, sino también asegurar su viabilidad en conflictos de larga duración bajo condiciones de aislamiento y restricciones logísticas.

En conjunto, el comportamiento observado refleja una transición hacia un modelo de guerra asimétrica más sofisticado, en el que se combinan capacidades cinéticas, no cinéticas y psicológicas. Corea del Norte parece estar configurando un instrumento militar capaz de desorganizar, degradar y saturar al adversario en múltiples dominios simultáneamente, priorizando el impacto sistémico por encima de la destrucción directa. Este enfoque complica significativamente la planificación defensiva de Corea del Sur al ampliar el espectro de amenazas, que abarca desde ataques balísticos tradicionales hasta operaciones multidominio contra infraestructuras críticas.

Finalmente, el contexto geopolítico sugiere que estas acciones también cumplen una función de posicionamiento estratégico frente a actores más poderosos, particularmente en el marco de una mayor convergencia con Rusia y China. En este sentido, las pruebas no solo tienen un valor táctico, sino que también evidencian la intención de Corea del Norte de consolidarse como un actor militarmente relevante en el entorno regional, con capacidades adaptadas a las dinámicas contemporáneas de conflicto.

Conclusión

Corea del Norte está consolidando una estrategia de disuasión ampliada basada en la integración de capacidades cinéticas y no cinéticas, orientadas a degradar infraestructuras críticas y sistemas militares adversarios. La reciente secuencia de pruebas evidencia un proceso sostenido de modernización y validación operativa, con énfasis en la evasión de las defensas y en la saturación del adversario.

A su vez, el régimen está adoptando un enfoque de guerra asimétrica más sofisticado, incorporando lecciones de conflictos contemporáneos y priorizando la disrupción sistémica frente a la destrucción directa. Este modelo incrementa la complejidad del entorno estratégico para Corea del Sur y sus aliados.

En definitiva, las acciones de Pyongyang forman parte de una estrategia de posicionamiento geopolítico más amplia, que busca proyectar relevancia militar regional y reforzar sus vínculos con otros actores estratégicos.

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