En nuestro Observatorio previo, denominado «Fin de la Limitación Nuclear: ¿Y Ahora Qué?», se abordó la expiración del «Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas» (New START, por su denominación en inglés) entre Estados Unidos y Rusia, señalando que el mandatario estadounidense, Donald Trump, tiene la intención de negociar un nuevo tratado que incluya a China, cuyo arsenal nuclear está en crecimiento.
En el estudio mencionado exponíamos que:
«Sin embargo, es probable que China no esté dispuesta a limitar su arsenal nuclear en este momento, ya que su objetivo principal es alcanzar la paridad con EE.UU. Por su parte, Rusia ha declarado que no ejercerá presión sobre China para que participe en las negociaciones (TASS, 2026). Más aún, China ha señalado a EE.UU. como motivo de preocupación, identificado como factor que afecta la estabilidad del ámbito nuclear a nivel global. Esta situación se da en paralelo a las acusaciones de EE.UU. contra China, que señalan la realización de pruebas nucleares de manera confidencial por parte de este último país (Indian Defence News, 2026). Según la perspectiva china, «EE.UU. está generando pretextos para retomar los ensayos nucleares» (China Global Television Network, CGTN, 2026). En este sentido, cabe plantearse si el término del Tratado New START entre EE.UU. y Rusia, así como las disputas entre la potencia estadounidense y China, implican un mayor riesgo de guerra nuclear» (Centro de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra del Ejército de Chile, CEEAG, 2026).
En términos generales, la opinión pública ha estado expuesta de manera sistemática a información sobre las capacidades nucleares militares de Estados Unidos y Rusia. Sin embargo, el desarrollo nuclear de China ha suscitado en la sociedad un nivel de atención y conocimiento considerablemente menor. Además, se observa una falta de claridad respecto a las razones por las que únicamente Estados Unidos y Rusia alcanzaron acuerdos de limitación de armas, a pesar de que China también posee un arsenal considerable de ojivas nucleares. En el presente documento se abordarán dichos aspectos, así como otros de igual relevancia para comprender la dinámica nuclear global.
Desarrollo nuclear chino: programa nuclear civil
El desarrollo nuclear de China, de gran importancia en el contexto internacional, puede abordarse desde dos perspectivas. Por un lado, existe un programa nuclear civil que representa una contribución significativa al avance tecnológico del país. Por otro lado, se encuentra el arsenal nuclear estratégico, que plantea cuestiones de seguridad a nivel global. Si bien el presente estudio aborda el «arsenal nuclear estratégico» de China, se presentarán algunas consideraciones sobre su «programa nuclear civil» con el propósito de ofrecer una perspectiva más integral sobre su desarrollo nuclear.
En la actualidad, China se ha posicionado como el líder mundial en el desarrollo de la energía nuclear civil, tanto en lo que respecta a nuevas construcciones como a su rápida expansión. A principios de 2026, China cuenta con aproximadamente 60 reactores en funcionamiento comercial, con una capacidad instalada de 60-62 gigavatios (GW), lo que posiciona a este país como el tercero con mayor capacidad nuclear, por detrás de EE.UU., con ~97 GW, y de Francia, con ~63 GW. No obstante, China cuenta con la mayor cartera de proyectos de reactores atómicos en construcción a nivel mundial, con un número estimado de 33 a 37 reactores en construcción, que en conjunto suman una capacidad de aproximadamente 35 a 40 GW. Esta cifra representa aproximadamente la mitad de los reactores construidos a nivel mundial (World Nuclear Association, 2026). A lo largo del presente año, se prevé que China supere a Francia en capacidad nuclear operativa, dado que varias unidades se conectarán a la red (Global Energy Monitor, 2024). Sin embargo, China no se ha detenido en su trayectoria, pues ha establecido objetivos ambiciosos a largo plazo. Para el año 2035, se proyecta que este país alcance una capacidad nuclear instalada de aproximadamente 200 GW, lo que representa un aumento significativo respecto de los niveles actuales (Nuclear Business Platform, 2025). Según lo previsto por el gobierno chino, para el año 2060 se espera que la capacidad nuclear instalada en el país ascienda a 400 GW (NucNet, 2026). Es pertinente considerar que desde el año 2022, la potencia asiática ha aprobado de manera continua más de diez reactores nuevos anualmente (Reuters, 2025). A este ritmo, China se convertirá casi con toda seguridad en la primera potencia nuclear del mundo en términos de capacidad total en los próximos 10 a 15 años.
Desarrollo nuclear chino: arsenal nuclear estratégico
China mantiene una política de «disuasión mínima creíble» con un compromiso declarado de «no ser el primero en utilizar armas nucleares» (No-First-Use, NFU por sus siglas en inglés). Se observa que, históricamente, el arsenal de China se ha caracterizado por su menor magnitud en comparación con los de Estados Unidos y Rusia, centrado en la preservación y en la capacidad de respuesta ante posibles agresiones, en lugar de priorizar la superioridad numérica (Bulletin of the Atomic Scientists, 2025).
Estimación actual (a principios de 2026)
Las evaluaciones fiables de fuentes abiertas (de organizaciones como la Federation of American Scientists, el Bulletin of the Atomic Scientists, SIPRI[1] y los informes del Departamento de Guerra de Estados Unidos) coinciden en que China posee en 2026 aproximadamente 600 ojivas nucleares. La mayoría de ellas se encontrarían en instalaciones centralizadas de almacenamiento y no estarían acopladas a los sistemas de lanzamiento durante períodos de paz, en consonancia con una postura de baja alerta (Visual Capitalist, 2025). Se estima que únicamente
una fracción de estas, aproximadamente 24 unidades, se encuentran desplegadas en misiles o en bases operativas que exhiben un nivel de preparación más elevado. Este hecho posiciona a China como la tercera nación con el mayor arsenal nuclear a nivel mundial, precedida únicamente por Rusia, con un número estimado de entre 5.500 y 6.000 ojivas, y por Estados Unidos, con un total estimado de entre 5.000 y 5.500 (Foreign Policy, 2026).
[1]. SIPRI es el acrónimo de Stockholm International Peace Research Institute.
Figura N°1 China está construyendo 320 nuevos silos para sus misiles balísticos intercontinentales, incluido el DF-5B de combustible líquido equipado con tecnología de vehículos de reentrada múltiple con objetivos independientes (MIRV), (Ejército chino) Nota: Bulletin of the Atomic Scientists (2025).
El arsenal de China ha experimentado un crecimiento exponencial, pasando de aproximadamente 350 ojivas en 2020 a más de 600 en la actualidad. Este incremento, el más rápido entre los estados nucleares, subraya la rápida evolución del arsenal militar chino. El motivo de la preocupación del presidente Trump es evidente. La razón por la que se ha procedido a la expiración del plazo de renovación del tratado New START, que regía la relación nuclear entre Estados Unidos y Rusia, se fundamenta en la necesidad de abordar las preocupaciones estratégicas y de seguridad nacional identificadas. Trump ha expresado su deseo de que China forme parte de un nuevo tratado internacional. Como indican los hallazgos del Departamento de Guerra de EE.UU. y de analistas independientes, se prevé que China supere las 1.000 ojivas operativas para el año 2030.
Figura N°2 Las potencias nucleares del mundo. Nota: Visual Capitalist (2025).
En este sentido, estimaciones previas del Departamento de Guerra habían sugerido un número de hasta 1.500 ojivas para el año 2035. Las adiciones anuales se estiman en aproximadamente 100 ojivas desde 2023. Esta acumulación se describe como la modernización nuclear bélica más ambiciosa y rápida de la historia de China (Bulletin of the Atomic Scientists, 2025).
Figura N°3 Estimaciones estadounidenses sobre el arsenal nuclear chino. Nota: Bulletin of the Atomic Scientists (2025).
Sistemas de lanzamiento (tríada nuclear en desarrollo)
Con el paso del tiempo, China está construyendo una «tríada nuclear» (tierra, mar y aire) más sólida (Bulletin of the Atomic Scientists, 2025).
Figura N°4 Supuestos sobre los campos de silos y proyecciones del arsenal chino. Nota: Bulletin of the Atomic Scientists (2025).
En lo que respecta a los «Sistemas de Lanzamiento basados en la Tierra», constituyen el componente principal de la tríada. Cientos de nuevos campos de silos (misiles balísticos intercontinentales DF-31/DF-41), lanzadores móviles y nuevos tipos, como el DF-5C (misil balístico intercontinental de alcance global presentado en desfiles), han sido desarrollados y construidos en ese país. En relación con los «Sistemas de Lanzamiento basados en el Mar», China cuenta con misiles balísticos de lanzamiento submarino (SLBM) JL-3 en submarinos de los tipos 094 y 096. Y en lo concerniente a los «Sistemas de Lanzamiento basados en el Aire», este país posee bombarderos (variantes H-6) que transportan misiles balísticos lanzados desde el aire, lo que constituye actualmente el componente menos maduro de la tríada nuclear. Es preciso considerar que numerosos sistemas de reciente desarrollo pueden alcanzar el territorio continental de Estados Unidos, lo que supone una transición de un enfoque predominantemente regional a uno intercontinental (U.S. Department of Defense, 2025).
Contexto y factores impulsores de la proliferación nuclear china
Una de las investigadoras que ha dejado una huella significativa en numerosos especialistas posteriores sobre el arsenal nuclear estratégico chino es Susan Turner Haynes (Haynes, 2016) con su libro Chinese Nuclear Proliferation. Su texto trata de responder a la siguiente pregunta: ¿Por qué China ha sido el único de los cinco Estados poseedores de armas nucleares reconocidos por el «Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares» (TNP)[2] que, desde el fin de la Guerra Fría, ha impulsado avances cuantitativos y cualitativos significativos en su arsenal nuclear, mientras que los demás —Estados Unidos, Rusia, Reino Unido y Francia— lo han reducido o estabilizado? La autora identifica a Estados Unidos como el principal motor del comportamiento estratégico de China. Según la perspectiva de Haynes, Pekín percibe las acciones de Washington, tales como el despliegue de sistemas de defensa antimisiles, los avances en los ataques de precisión convencionales y las alianzas estratégicas en el continente asiático, como una erosión de la credibilidad de la postura de «disuasión mínima» que China ha mantenido durante largo tiempo. En respuesta a estas acciones, China ha modificado su estrategia de «disuasión limitada» y adoptado un enfoque más robusto y diversificado. Esta nueva estrategia implica el despliegue de diversos tipos de fuerzas, como misiles balísticos intercontinentales móviles, misiles lanzados desde submarinos y una posible flota de bombarderos. Además, se ha observado un incremento gradual en el número de estas fuerzas, con el objetivo de mejorar la capacidad de supervivencia y garantizar una respuesta efectiva en caso de ser necesario.
[2] Los cinco Estados poseedores de armas nucleares reconocidos por el TNP, tal y como se definen en el Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares (TNP, abierto a la firma en 1968 y que entró en vigor en 1970), son aquellos que fabricaron y detonaron un arma nuclear u otro dispositivo explosivo nuclear antes del 1 de enero de 1967 (Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia y China). Estos Estados gozan de un estatus especial en virtud del tratado, que reconoce su posesión de armas nucleares y les obliga (en virtud del artículo VI) a perseguir de buena fe el desarme nuclear.
No obstante, es imperativo considerar que la publicación del libro en cuestión se produjo en 2016 y abarcó las etapas iniciales e intermedias del proceso de modernización de China (desarrollo del DF-41, misiles balísticos lanzados desde submarinos JL-2/3, entre otros). Redactado con anterioridad a la aceleración experimentada entre 2018 y 2020, el texto describe una acumulación más paulatina y prudente. El análisis no aborda aspectos específicos como la construcción masiva de silos, los nuevos tipos de misiles ni los debates sobre el abandono de la NFU, que se han intensificado aproximadamente entre 2021 y 2025. Si bien examina adecuadamente la influencia de Estados Unidos, dedica menor atención a los factores regionales, como el auge de la India o las dinámicas propias de un entorno multipolar. Además, se evidencia una deficiencia significativa en sus recomendaciones de políticas públicas. Estas recomendaciones, orientadas a la gestión de los riesgos de escalada mediante mayores niveles de transparencia o mediante el envío de señales en materia de control de armamentos —tanto en Estados Unidos como en otros países—, resultan insuficientes en vista de los análisis más recientes. Si bien la autora reconoce la resistencia de China a aceptar límites vinculantes mientras persistan las asimetrías entre las grandes potencias, a la luz de la evolución estratégica observada en 2026 —marcada por el vencimiento del Tratado New START y la negativa de China a entablar negociaciones formales— parece cuestionar la viabilidad de sus propuestas.
No obstante lo anterior, es posible afirmar que la obra de Haynes constituye una contribución sólida y respetada en la literatura sobre la estrategia nuclear china; incluso podría decirse que es una obra seminal. Este libro ha sido citado en numerosas ocasiones en publicaciones posteriores, así como en informes del SIPRI y en evaluaciones estadounidenses. En este sentido, las reseñas de 2017-2018, como las publicadas en International Affairs (Wirtz, 2018) y Political Science Quarterly (Bachman, 2017), destacaron su cuidadosa integración de la teoría y de las fuentes chinas, calificándola de hábil y perspicaz por explicar las motivaciones que subyacen al aumento del armamento.
En la actualidad, con información a 2026, China considera que su expansión nuclear es necesaria para disuadir de manera creíble las amenazas percibidas, como el poderío militar de EE.UU. en el Indo-Pacífico, las variadas alianzas regionales, como las de Japón con EE.UU. o con Filipinas, y los posibles conflictos en torno a Taiwán y al Mar de China Meridional. Aunque China insiste en que sus fuerzas tienen fines exclusivamente defensivos y su arsenal sigue siendo mucho menor que el de EE.UU. y Rusia, su crecimiento ha sido muy marcado en los últimos años. El programa de armas nucleares de China está experimentando su expansión más significativa desde la década de 1960, pasando de ser una fuerza pequeña a una que probablemente se convertirá en un verdadero competidor de Estados Unidos y Rusia en la próxima década.
Conclusión
Las conclusiones extraídas de este análisis revelan que el programa nuclear de China, tanto en su vertiente civil como en la estratégica, constituye uno de los desarrollos más dinámicos y significativos en el contexto de la seguridad internacional a principios de 2026.
En el ámbito civil, China se ha posicionado como un líder destacado en el desarrollo y la implementación de reactores nucleares a nivel global. Esta trayectoria sitúa a China en condiciones de erigirse como la principal potencia nuclear civil en términos de capacidad instalada total en el horizonte de los próximos diez a quince años. Este progreso no solo satisface las necesidades energéticas y de descarbonización, sino que además brinda un fundamento industrial y técnico que, de manera indirecta, fortalece las capacidades estratégicas del país.
En el contexto militar, el arsenal nuclear estratégico chino experimenta actualmente un crecimiento sin precedentes, tanto en términos cuantitativos como cualitativos. Las estimaciones más confiables provenientes de fuentes abiertas, tales como el Bulletin of the Atomic Scientists, la Federation of American Scientists, SIPRI y los informes del Departamento de Guerra de Estados Unidos, convergen en que China cuenta con aproximadamente 600 ojivas nucleares a principios de 2026, con un ritmo de incremento de aproximadamente 100 ojivas anuales desde 2023. Este incremento posiciona a China como la tercera potencia nuclear mundial, precedida únicamente por Rusia y Estados Unidos, y representa el mayor aumento entre las naciones poseedoras de armas nucleares. Paralelamente, Pekín avanza hacia la consolidación de una tríada nuclear más robusta y creíble. La modernización en cuestión ha implicado una transición desde una postura de alcance predominantemente regional en Asia hacia la consolidación de capacidades estratégicas de proyección intercontinental, con alcance efectivo en el territorio continental de Estados Unidos. Esta evolución ha reforzado la supervivencia de las fuerzas nucleares y la credibilidad de la capacidad de segundo golpe, elementos centrales para sostener un equilibrio estratégico en un entorno internacional competitivo.
El principal factor impulsor de esta proliferación nuclear, según Haynes (2016), radica en la percepción de amenazas estratégicas por parte de China derivadas de las acciones estadounidenses. Según su perspectiva, China había mantenido oficialmente durante la última década su política de NFU, junto con una disuasión mínima y creíble de carácter estrictamente defensivo. Sin embargo, la percepción de un deterioro de su credibilidad, de segundo golpe, impulsó una transición hacia una postura nuclear más robusta. El análisis de la autora ofrece una aproximación correcta, pero incompleta (se evidencia la necesidad de profundizar en la India y en otros países) a las motivaciones iniciales centradas en la respuesta a Estados Unidos. Además, el estudio resulta parcialmente desactualizado ante la aceleración observada desde 2018, incluida la construcción masiva de silos y los debates internos sobre posibles ajustes a la NFU. Por eso se ha complementado a Haynes con estudios actualizados, como el «Informe anual al Congreso: Avances militares y de seguridad relacionados con la República Popular China 2025», del Ministerio de Guerra de Estados Unidos, y «Armas nucleares chinas, 2025», del Boletín de los Científicos Atómicos.
La expiración del Tratado New START entre Estados Unidos y Rusia en febrero de 2026, sin una renovación que incluya a China, agrava la inestabilidad estratégica global. El gobierno de China ha mostrado una postura consistente con su percepción estratégica, al negarse a participar en negociaciones formales de limitación de armamentos mientras persistan asimetrías. Esta posición se fundamenta en el argumento de que el arsenal de China responde a amenazas existenciales y no busca alcanzar una paridad numérica inmediata con las superpotencias nucleares. Por su parte, la administración Trump ha enfatizado la necesidad de un nuevo acuerdo multilateral que incluya a China. No obstante, las declaraciones emitidas por China y la aparente falta de disposición para aceptar restricciones obligatorias indican que estos esfuerzos se enfrentan a obstáculos considerables. Las proyecciones indican que China podría superar las 1.000 ojivas operativas hacia el 2030 y alcanzar cifras cercanas a las 1.500 en el 2035. Este hecho conllevaría una transformación en su posición, convirtiéndola en un competidor estratégico equivalente a Estados Unidos y Rusia en la próxima década.
En síntesis, la acelerada expansión del programa nuclear chino —en sus dimensiones civiles y militares— puede interpretarse, desde el realismo estructural, como una respuesta racional a las restricciones de un sistema internacional anárquico en el que la supervivencia constituye el objetivo primordial de los Estados. En un contexto de intensificación de la competencia entre grandes potencias, el incremento de las capacidades nucleares responde a la lógica del equilibrio de poder y a la necesidad de preservar la credibilidad de la capacidad de segundo golpe frente a posibles vulnerabilidades relativas. La magnitud y el ritmo de esta acumulación de capacidades alteran la distribución material del poder y tienden a exacerbar el dilema de seguridad, al incentivar ajustes estratégicos por parte de otros actores relevantes. En ausencia de regímenes robustos de control de armamentos y de mecanismos eficaces de gestión de crisis, esta dinámica estructural incrementa la incertidumbre sistémica y eleva el riesgo de escalada en un orden multipolar caracterizado por equilibrios inestables y competencia estratégica persistente.